pensamientos filosóficos

El Tomismo es la escuela filosófica y teológica que surgió como un legado del conocimiento y el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, filósofo, teólogo, santo y Doctor de la Iglesia. La palabra viene del nombre de su autor, cuya Summa Theologiae fue uno de los documentos más influyentes en la teología y en la filosofía medieval y sigue siendo estudiada hoy en día en las clases de filosofía y de teología, especialmente en las universidades católicas. En la encíclica Angelici Doctoris, del papa Pío X, advirtió que las enseñanzas de la Iglesia no pueden ser entendidas en su sentido preciso sin los fundamentos filosóficos y teológicos básicos de las tesis principales de Tomás:
El Concilio Vaticano II describe el sistema de Tomás como la «filosofía perenne»La tesis capital en la filosofía de Santo Tomás no se va a colocar en la categoría de opiniones que puedan ser objeto de debate de una manera u otra, sino que deben ser consideradas como los cimientos sobre los que se basa toda la ciencia de las cosas naturales y divinas, si estas opiniones son una vez suprimidas o alteradas en modo alguno, que necesariamente deban seguir los estudiantes de las ciencias sagradas en última instancia, no se percibirán tanto como el significado de las palabras en el que los dogmas de la revelación divina son propuestos por la magistratura de la Iglesia. (Pío X. Doctoris angelici) (
San Juan Pablo II en el número 43 de su Encíclica Fides et Ratio, afirma que "la Iglesia ha propuesto siempre a santo Tomás como maestro de pensamiento y modelo del modo correcto de hacer teología"
DUPLEX COGNITIO
Santo Tomás., De Veritate. Cuestión 10, artículo 8
"Si la mente se conoce a sí misma por esencia o por medio de una especie"
SOLUCIÓN Cuando se indaga si algo es conocido por su esencia, esa cuestión puede en tenderse de un doble modo. El primero, cuando la expresión “por esencia” se refiere a la misma cosa conocida, de manera tal que se entienda que es conocido por esencia aquello cuya esencia se conoce, mientras que no es conocido por esencia aquello de lo que no se conoce la esencia, sino ciertos accidentes suyos.
El segundo modo, cuando se refiere a aquello por lo que algo es conocido, de tal manera que se entiende que algo es conocido mediante su esencia porque la misma esencia es aquello mediante lo cual es conocido. Y es en este modo en el que se pregunta en la presente cuestión si el alma se entiende a sí misma por medio de su esencia. Para la evidencia de esta cuestión hay que saber que cada uno puede tener un doble conocimiento sobre el alma, como dice San Agustín en De Trinitate. Uno, por el que el alma de cada uno se conoce a sí misma sólo en cuanto a aquello que le es propio. El otro, por el que el alma es conocida en cuanto a aquello que es común a todas las almas.
Así pues, ese conocimiento que se posee comúnmente de toda alma es aquél por el cual se conoce la naturaleza del alma. En cambio, el conocimiento que uno tiene del alma en cuanto a lo que le es propio es el conocimiento del alma en cuanto tiene ser en un individuo de terminado. Por eso, mediante este conocimiento se conoce si hay alma, como cuando uno percibe que tiene alma. Por medio del otro, en cambio, se sabe qué es el alma y cuáles son sus accidentes propios [per se]. Por tanto, por lo que se refiere al primer conocimiento, hay que distinguir, puesto que se puede conocer algo en hábito o en acto. Primero, por lo que atañe 116 Aristóteles, De anima, III, 5, 430 a 15. 117 Aristóteles, De anima, III, 5, 430 a 22. 118 San Agustín, De Trinitate, IX, c. 6 (PL 42, 965).
Tomás de Aquino al conocimiento actual por el que alguien considera en acto que posee alma, afirmo que el alma se conoce por sus actos; en efecto, uno percibe que tiene alma, que vive y que es, por el hecho de que percibe que siente, que entiende y que ejerce otras operaciones vitales semejantes. Por eso afirma el Filósofo119 en la Ethica que: “sentimos que sentimos, y entendemos que entendemos, y puesto que sentimos esto, entendemos que somos”.
Ahora bien, nadie percibe que en tiende a menos que entienda algo, porque entender algo es anterior a entender que se entiende. Por eso el alma llega a percibir actualmente que existe por el hecho de que entiende o siente. Segundo, por lo que se refiere al conocimiento habitual, afirmo que el alma se ve a sí misma mediante su propia esencia, es decir, por el hecho mismo de que su esencia le es presente, es capaz de pasar al acto del conocimiento de sí misma; lo mismo que uno, por el hecho de que posee el hábito de una ciencia, por la misma presencia del hábito es capaz de percibir las cosas que se encuentran bajo aquel hábito. Pero para que el alma perciba que es y se percate de lo que se actúa en ella, no se requiere hábito alguno, sino que para ello es suficiente la sola esencia del alma que está presente a la mente; en efecto, emanan de ella los actos en los que ella misma se percibe actualmente. Si, en cambio, hablamos del conocimiento del alma cuando la mente humana se define con un conocimiento especial o general, entonces parece que, de nuevo, hay que hacer una distinción.
En efecto, para el conocimiento es preciso que concurran dos cosas, a saber, la aprehensión y el juicio sobre la cosa aprehendida; y por eso el conocimiento con el que es conocida la naturaleza del alma puede ser considerado tanto por lo que respecta a la aprehensión como por lo que se refiere al juicio. Así pues, si se considera en cuanto a la aprehensión, entonces afirmo que la naturaleza del alma es conocida por nosotros por medio de especies que abstraemos de los sentidos. En efecto, nuestra alma posee el último lugar en el género de las realidades intelectuales, lo mismo que la materia prima en el género de las sensibles, como es claro por lo que señala el Comentador en De anima.
Pues lo mismo que la materia prima está en potencia para todas las formas sensibles, también lo está el entendimiento posible respecto de todas las formas inteligibles, por lo que es como pura potencia en el orden de los inteligibles, al igual que la materia lo es en el orden de los sensibles. Por eso lo mismo que la materia no es sensible más que por la forma que le sobre viene, igualmente el entendimiento posible no es inteligible más que por una especie que se le sobreañade [superinductam].
El árbol no es la paz. "Hay lo que hay" es mentira.
Hay gente que repite: ¡hay lo que hay! y ya está. Lo dicen con desánimo porque este es el estado de ánimo de quien se somete al principio de facticidad. "Hay sólo lo que hay" recorta las posibilidades reales que existen en nuestra vida. No es verdad. Hay lo que hay también lo que "puede haber".
La posibilidad da fuerza al futuro. Sin esto, ni la semilla se convertiría en árbol, ni el niño llegaría a ser adulto, ni las personas que nos rodean nos sorprenderían jamás. Los habríamos convertido en muebles.
Hay lo que hay y lo que puede haber es lo que distingue el mundo natural del mundo de la cultura. Aquí recupero algunos vídeos en lo que empecé a grabar. "El árbol no es la paz" es expresión de la inconsistencia del principio de inmanencia.
Martin Heidegger escribió una magnífica glosa en la que mantiene la distinción que hay entre una casa, construida de materiales diversos, y un hogar.
Éste último está fundamentalmente constituido como el lugar propio en el que guardamos recuerdos, intimidad, secretos, fotografías del pasado, confidencias etc…
Es uno de los pasajes en los que puede apreciarse que nosotros no “habitamos” un mundo sino que “habitan” muchos mundos en nosotros